La Novia, Lorca por sus cuatro costados

Alberto Morate

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Paula Ortiz nos lee el poema dramatúrgico y dramático Bodas de sangre de Federico García Lorca con la sensibilidad, la ternura y dureza necesarias, unas imágenes poéticas impactantes, la crudeza de toda la tragedia, y con cariño, con el inmenso amor de apreciar, querer y respetar al autor granadino con la delicadeza de quien le respeta profundamente.

Paula Ortiz no solo nos ofrece el magnífico texto y una fiel visión del argumento y los personajes, sino que nos lo pinta con un expresionismo feroz, cuida cada plano, cada secuencia, cada silencio, pero, sobre todo, cada palabra, cada verso, cada sentimiento.

Nos presenta unos personajes fieramente humanos, terribles en su soledad, abocados a cumplir un destino trágico, a través de unas imágenes que se desprenden de la pantalla, casi podemos sentir el torturador calor, beber las lágrimas de los intérpretes, comprender sus ansias y sus miedos.

Y en eso contribuyen al máximo, lógicamente, Inma Cuesta, Asier Etxeandía, Álex García, con una sobriedad de registro que pone los pelos de punta porque solo con sus miradas, les entendemos, sabemos de su sufrimiento, nos sensibilizamos con ellos. Sin olvidar, por supuesto, al gran Carlos Álvarez-Novoa, in memoriam, a la espléndida Luisa Gavasa, a la dulce y callada Leticia Dolera y a la siempre efectiva Ana Fernández.

Indudablemente, aquí está Lorca, nuestro Lorca. Lorca sangrando emoción por los cuatro costados. El Lorca de la España profunda y arraigada en la tierra, que bebe sangre y suda llanto, que se mata por pasión y cuyos actos preside la luna llena. Y están sus canciones populares y una música que pone los pelos de punta, una música que se nos mete en el corazón como esos cuchillos de cristal que desgarran la vida. Y un acierto, también, esos paisajes, rotundos, desérticos, de formas imposibles, de misterios que no quieren darse a conocer. Y los sueños que se rompen como el cristal, la fragilidad de los amores imposibles.

Toda la película es una gran puesta en escena, cuidada y respetuosa; en sí misma es un verso leído en voz alta, narrativo y visual, que nos engrandece como espectadores.