DE FUERA VENDRÁ… para quedarse

Alberto Morate

de fuera vendrá

Acercarse a los clásicos, tenerlos presente, tratarlos de tú a tú, (o de vos a vos, llegado el caso), aproximarse a sus valores, comprender sus inquietudes, rescatar su vocabulario, disfrutar su musicalidad y su verso, rememorar su historia, conocer las características de su época,… y todo hacerlo con varios fines: entretenimiento, conocimiento, diversión, posibilidades escénicas, descubrimiento,…

Es de alabar que existan compañías, directores, actores, productores, (y espectadores), que estén, todavía, interesados en lo que nos cuentan nuestros clásicos, en lo que nos pueden aportar, en revivir la historia y la sociedad de hace trescientos, doscientos, cincuenta años atrás.

Durante mucho tiempo, cuando una agrupación inglesa nos traía un Shakespeare le rendíamos poco menos que pleitesía, (de fuera vendrá), y nos quejábamos de que en el territorio ibérico no disponíamos de compañías oficiales o estables que rescataran a nuestros clásicos. De vez en cuando algún arriesgado loco teatral se atrevía a montar una obra del barroco. Cuando Adolfo Marsillach en 1986 se hace cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico tiene que enfrentarse a reticencias, críticas, envidias, pero también parabienes y otros estímulos emocionales. De tal manera, que ya no nos produce extrañeza, (aunque siga siendo un poco rara avis), que otras compañías, grupos, productoras, afronten textos en verso que nos cuenten las penalidades, las gracias, los enredos, los celos, el honor, los amores de personajes que siempre nos serán cercanos porque son nuestros ancestros.

Por eso es digno de elogio que Gesteatral y Ángel García Suárez se atrevan a traernos este título poco conocido del acervo teatral del siglo de oro: De fuera vendrá… de Agustín Moreto. Hay por ahí algunos locos de la escena que hacen estas vesanias. El texto tiene todos los ingredientes que se esperan de este género: escenografía sencilla, juegos de palabras, utilización de diferentes medidas métricas, el concepto del honor, el amor y el humor, enredos, equilibrio estructural, la burla, el equívoco,… A mi modo de ver, en este montaje no hubiera hecho falta esa aproximación temporal a través del vestuario de los actores o de ciertas referencias actuales al léxico y a personajes. Quizás hubiera entrado mejor en la historia en su propio ambiente e imaginándomelos en su época. Queriendo acercarme el tema me lo ha alejado.

Pero eso no quita para que los actores, todos, estén muy acoplados al verso, a la dicción, a las situaciones, a las entradas y salidas, a los apartes, a los gestos, a la resolución de una buena puesta en escena que debiera prodigarse más en todos los escenarios, teatros, centros culturales e instituciones educativas, para que valoremos lo que tenemos dentro, lo que forma parte de nuestro patrimonio artístico y cultural y no estemos esperando que alguien que venga de fuera nos lo tenga que recordar de vez en cuando.