El (no tan) sorprendente MILAGRO EN CASA DE LOS LÓPEZ

Alberto Morate

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De Miguel Mihura podemos esperar casi cualquier cosa y, sin sorprendernos, nos desconcierta o viceversa. A nadie sorprende que el ínclito autor haya creado una pareja que no salga de su casa en diez años, pero sí desconcierta que estos se lleven a matar con tan buena educación y guardando las formas. No sorprende que don Miguel cree una o varias situaciones de intriga y misterio cargadas de humor, surrealismo y absurdo, pero sí desconcierta que tenga necesidad de darnos explicaciones, más o menos lógicas, buscarle ese punto coherente para justificar un milagro o un enredo o una simple casualidad.

Los que apreciamos el buen oficio y maestría de Miguel Mihura le perdonamos eso y más. Deberíamos considerarlo como un clásico del siglo XX y que sus obras se repusieran con frecuencia para que nuestros jóvenes de hoy puedan disfrutar de su sarcasmo, de su humor blanco o negro, de su amargura, de sus críticas veladas a la sociedad de entonces, de su originalidad, de su delicadeza emocional.

Afortunadamente, el milagro se ha vuelto a producir. Manuel Gancedo nos lo trae actualizado en algunos aspectos de texto, escenografía y personajes, sin perder la frescura del original e imprimiendo el ritmo adecuado y exagerando la interpretación de los actores, pero sin que sea excesiva.

Todo el elenco está brillante, aunque destacan especialmente Nuria González y Carlos Chamarro, que para eso son los protagonistas. Nuria González, gestual, terriblemente cómica, cercana a los espectadores, impone su oficio con sapiencia bufa. Carlos Chamarro consigue estar a su altura. Parece que se contiene más pero está espléndido en sus réplicas y hace natural lo que la situación tiene de estrambótica. El resto del reparto, Elisa Lledó, Ana Mayo, Juan A. Molina y Nacho del Valle, con alguna exageración premeditada consiguen también sacar de los espectadores la risa y la ternura que buscaba Mihura.

El autor, en la publicación de Milagro en casa de los López por la editorial Escélicer, hace la dedicatoria a Teresa, la “insignificante y vulgar doncella” y afirma que es la auténtica protagonista de esta comedia, aunque “nadie lo ha comprendido”. Y sigue: “los señores de López son unos perfectos idiotas que no merecen ningún milagro” y apela al mensaje poético y tierno de tener un ángel de la guarda que vele por las buenas almas.

Está bien que nosotros, como espectadores, tengamos nuestro ángel de la guarda que se preocupe de darnos a conocer y disfrutar estas buenas obras y siga sorprendiéndonos.