El Burgués Gentilhombre tiene narices

Alberto Morate

La Compañía de teatro “Morboria” lleva treinta años encandilando al público, disfrutando ellos mismos, haciendo buenísimo teatro en diferentes y variados espacios escénicos. Que en estos críticos tiempos un grupo de cómicos consiga mantenerse no solo a flote, sino que haga de sus producciones auténticas fiestas y deliciosos espectáculos, tiene más mérito que hoy en día consigas que te suban el sueldo. Y como esto es así, lo celebran poniendo en pie, y sosteniendo con muchísima gracia, El burgués gentilhombre de Molière.

El Burgués Gentilhombre

Cuando a uno le presentan un clásico con la rigurosidad de una puesta en escena impecable, con la seriedad y profesionalidad de este montaje, se puede pensar que desempolvar ciertos textos no va a ser fructífero ni va a enganchar con nuestra sociedad y nuestro vivir de hoy. Pero si asistes a ver este burgués que se quiere pasar por aristócrata solo porque tiene dinero, entonces, vete preparando para soltar, no la sonrisa, sino la carcajada, para sumergirte en el ritmo trepidante y coral de ciertas escenas, la magnífica presentación de caracterizaciones y vestuario, las divertidas coreografías y movimientos escénicos.  Y, por supuesto, la estupenda interpretación, desde el protagonista, el señor Jourdain, Fernando Aguado, pasando por Eva del Palacio, también como directora, y Jorge Corrales, Vicente Aguado, Diego Morales, Ana Belén Serrano, hasta los múltiples personajes de Silvana Navas, Virginia Sánchez, Trajano del Palacio y F. Couto. Todos, cantan, bailan, representan escenas imposibles, enredan y nos regalan esta pedazo de obra que apenas nos da tregua en el disfrute de esta adehala.

Es magnífica la escena de la ceremonia turca, cargada de humor, de guiños actuales, de juego cómico, de teatro en estado puro. Pero las demás escenas no le van a la zaga. Personajes histriónicos, casi de dibujos animados, clownescos, rapidez, coordinación, caricatura, frescura, hasta el punto de perder la noción del tiempo y casi querer participar del juego.

No es momento de hacer paralelismos ni dobles lecturas con ciertos prebostes de nuestra sociedad actual que podrían verse reflejados en el espejo de este ridículo personaje creado por Molière para la mofa de la sociedad de entonces.

Es el momento de recomendar ir a ver esta producción por el placer de ver buen teatro, inmejorables interpretaciones, trepidante ritmo, estupendo vestuario, y por echarle narices, tanto nasales como metafóricas; por el acto cultural y grandilocuente de ver un Moliére en estado de gracia, por acompañar a Morboria en todo su poderío, por sentirnos burgueses gentileshombres que necesitamos aprender de lo que los maestros nos quieran enseñar, aunque solo sea a darnos cuenta de que nosotros también hablamos en prosa.