Pluto, a ritmo de `blues´

Alberto Morate

Es una satisfacción poder asistir a esta comedia de Aristófanes con el sabor antiguo de los atenienses y la actualidad más recalcitrante de nuestros días. Con la iconografía de las máscaras del coro y el ritmo de las canciones de ‘blues’ y ‘jazz’, con las largas telas de túnicas y mantos, y las referencias a acontecimientos recientísimos y expresiones coloquiales nuestras de cada día.

PLUTO

En Pluto, Aristófanes pone en tela de juicio el reparto de las riquezas, la situación socio-económica del momento, y lo hace con gran libertad, sin miedo a represalias, posiblemente en desacuerdo con la política imperante en aquel entonces. Nos habla de hambre, de esclavos, de ricos y pobres, de trabajo mal pagado, hasta el punto que los hombres libres pedían tener amo por lo menos para comer lentejas una vez al día. Como ahora. Más o menos. Todo lo que nos cuentan y nos cantan nos suena terriblemente cercano, vivido en nuestras propias carnes. Políticos y empresarios que se enriquecen a costa del dinero y el esfuerzo de otros, de impuestos, de horas trabajadas y no remuneradas, de gente que se esclaviza para conseguir un mísero empleo, de amenazas veladas por los poderosos, de ilusiones y utopías alimentadas en la esperanza de ser realidad un día.

Y lo vemos con la boca abierta y el rictus sonriente. Con el ritmo en los pies y encogido el sentimiento de vernos reflejados.

El teatro La Latina lleno a rebosar de hambrientos de (buen) teatro. Unos espléndidos actores e intérpretes, comenzado por el carismático Javier Gurruchaga y siguiendo por un excelente Jorge Roelas, unos magníficos Marcial Álvarez y Toni Misó, unas sugerentes, pícaras y sensuales Marisol Ayuso y Ana Labordeta. La labor de Magüi Mira es tremendamente elegante a pesar de las picantes groserías de Aristófanes, y la comedia se disfruta con agrado al principio, con pasión al terminar. El coro está perfectamente implicado en el montaje. Aunque no toma partido claro por unos o por otros, acompaña a los personajes, los engulle o les suelta en la escena sin perderles en ningún momento de vista, y de paso nos vigila a nosotros. Unos coturnos para realzar la medida del dios Pluto hubieran marcado, quizás, más su poder omnímodo. Destacar, también, el trabajo lingüístico y pulido de la versión de Emilio Hernández. Sin olvidar el calor directo que le da la música al piano del maestro Marco Rasa.

Demuestra este montaje que el hombre social evoluciona poco, que le siguen guiando los intereses y que las diferencias sociales se mantienen. Justicia, libertad, economía, producción, honradez, abusos de poder, miseria, riqueza,… términos que alimentan las noticias de todos los días están en esta representación, pero también calidad, diversión, cultura, emoción, alegría, distracción, esparcimiento, espectáculo,… palabras que son la banda sonora de nuestras vidas y nuestras querencias.

Comamos lentejas mientras brindamos por la libertad degustando un buen vino, un buen libro o una buena obra de teatro, como es el caso.