El Eunuco, con un par…

Alberto Morate

El Eunuco Teatro La Latina

Lo primero que he hecho nada más llegar a casa, después de ver El eunuco en el teatro de la Latina, ha sido informarme bien de quién era Terencio, para refrescar la memoria y ser riguroso en los siguientes comentarios. Como profesor de teatro y dramatización, durante más de diez años monté y dirigí obras del teatro griego y latino con mis alumnos de bachillerato para hacer una representación informal en el Teatro Romano de Mérida. Así llevamos allí montajes, siempre adaptados y versionados, basados en textos de Aristófanes, Esquilo, Plauto, Menandro, Eurípides, Sófocles,… aunque nunca escogimos una obra de Terencio. Hoy compruebo que solo escribió seis obras, todas conservadas. Y me alegra que desde el año 160 a.C. sigan teniendo la vigencia, el ritmo, el enredo, la frescura suficientes para poder contemplarlas en el año 2015 d.C.

Claro que no todo es obra de Terencio. Hay que alabar la buena versión libre de Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez (este también en labores de dirección). Como explican en el programa de mano, no ha debido ser fácil, aunque se lo hayan pasado fenomenal. Y no es para menos. Porque su juego, riguroso por otro lado, nos hace pasar más de dos horas en grande.

Es cierto que al principio parecía que les costaba arrancar motores. Pero a los pocos minutos la maquinaría teatral ha empezado a funcionar perfectamente engrasada. Todos los actores, y digo todos, estaban pletóricos de interpretación, de gesto, de voz, de movimiento. Y eso que es una comedia con mil entradas y salidas, con persecuciones, con bailes, con canciones, con erotismo, con palabras y tonos de voz, con la implicación del público.

Anabel Alonso, feliz expresividad; Marta Fernández Muro, con su característica vena cómica; Pepón Nieto, graciosísimo e inmenso; Alejo Sauras, matizado y elegante; Antonio Pagudo, preciso y con estilo; Jorge Calvo, notable; Jordi Vidal, buen hacer y sobrio en su anonimato desesperado; María Ordóñez, sensual, garbosa, brillante; Eduardo Mayo, eficiente. Nos han introducido en su casa de los líos, en sus complicadas relaciones, en sus dualidades amorales.

En la comedia de Terencio, (y en esta su versión), la madeja se lía previsiblemente pero lo hace con desparpajo y mucho buen humor, con el adorno de esas canciones bien pegadizas y mejor interpretadas, con una escenografía que permite las entradas y salidas sin abandonar el escenario. Y de la misma manera se va desenredando con gran vivacidad y buena fortuna para cada pareja que, al final, encuentran su acomodo con el beneplácito del público.

El eunuco, sin perder sus atributos, nos ha convertido en esclavos con la didascalia de pasarlo mejor que bien. Y eso es lo que hacemos, con permiso de los dioses.