Fausto infausto

Alberto Morate

El mundo tenebroso, individualista, subjetivo, nocturno, sórdido, del romanticismo se nos presenta en la obra de Goethe con toda la siniestralidad que sería de esperar. En la versión de Tomaz Pandur, un gigantesco muro parece tener atrapado a nuestro protagonista Fausto. A pesar de eso, en esa gran pizarra no cabe todo lo que él quiere saber, sentir y experimentar. Su ilimitado conocimiento también necesita ir más allá, está al borde del inicio de nada. Por tanto, solo le quedará poner fin a su vida o pactar con el diablo o con Mefistóteles, o con quien sea necesario, para que le muestre misterios y placeres, pasiones y retos, que le saquen de esa insatisfacción que le impide su propia sabiduría.

FAUSTO

Llevar a escena la gran obra e Goethe no es nada fácil, como es el texto en sí mismo. Pandur, tiene en su versión y dirección momentos álgidos y escenas planas. Por un lado consigue esa opresión, ese simbolismo extremo y vital que da la búsqueda del yo como demiurgo. Perfectos los monólogos de Fausto, magistralmente interpretados por un atormentado Roberto Enríquez que se crece cuanto más hundido se halla. Los cuadros plásticos del resto de los personajes, esas instantáneas de una familia que no es tal atrapadas en un tiempo detenido, o esos ayudantes cíclopes, testigos mudos de desgracias deshumanizadas. La carrera de los personajes no avanzan, el ahogamiento de Margarita y su propio hijo, personajes que no van buscando un autor sino su propia identidad, las entrañas de su voluntad de existir y para qué lo hacen. Por otro lado, las referencias teatrales a la propia puesta en escena, como si el público necesitara unas explicaciones más didácticas de la obra no son en absoluto necesarias. Los tonos rojos de la sangre, del corazón, del veneno, de la pasión en medio de las neblinas, de la oscuridad interna de un edificio humano en construcción atrapan los sentimientos y emociones sin dejarlos salir plenamente.

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Uno siente cierta opresión mientras está viendo la obra, siente esa angustia vital de este Fausto infausto, trágico, teatral, depresivo, y al mismo tiempo entiende que ni siquiera los momentos mejores pueden detenerse.