El Crédito, con un alto interés teatral

Alberto Morate

el-credito

La duda. La duda y la inseguridad. La gran metáfora de El Crédito es la duda que se genera en una persona cuando alquien se enfrenta a él de foma pacífica, pero con todas las armas de la dialéctica, la confianza y, sobre todo, la desesperación, el no tengo nada que perder, pero me vas a soñar, me vas a tener presente y detrás, como una sombra, como una mala conciencia que no te dejará dormir.

Al principio el hombre que parece más seguro no dará crédito. Ni económico ni psicológico ni social. Se creerá invencible, superior, el que rige los destinos. Pero el otro personaje habrá sabido inyectar una dosis de duda suficiente para que sus cimientos se tambaleen. Posiblemente esté jugando con unas malas cartas, pero el “envite” que han lanzado se lo han creído y ha hecho mella.

Y hay un personaje que gana por casualidad y porque cree en ello y otro que pierde porque no tiene estrategia y sí, en cambio, dudas. Y estos personajes están hechos a la medida de Luis Merlo y Carlos Hipólito. Existe la creencia de que los grandes actores se forjan en los grandes dramas. Que un enfrentamiento de dos monstruos de la escena tiene que ser con textos de enjundia como Hamlet, o terriblemente dramáticos como La Vida es sueño o El abuelo -de Galdós-, (por citar  obras relacionadas con la duda), pero si esos actores están en estado de gracia, en un doble “tour de force” habilidoso y brillante, y son terriblemente creíbles, con un texto tan amargo y actual que es el hecho de ir a pedir un crédito, pero tan bien manejado por uno de nuestros mejores autores contemporáneos, Jordi Galcerán, que convierte en humorísticas las miserias humanas, entonces, esos actores se crecen junto con sus personajes y hacen crecer las risas del público, la satisfacción de estar viendo teatro y el gusto por el texto y la palabra. ¡Qué gran valor tiene la palabra! Luis Merlo -Antonio- nos lo recuerda durante toda la obra y Carlos Hipólito -el director- nos da la satisfacción de ver cómo mete la pata por no saber usarla (la palabra) adecuadamente en los momentos oportunos, por muy jefe de banco que sea. Esa palabra que Antonio, el solitante del crédito, quiere dar al prestamista pero este no valora y cree que insultando o alzando la voz llevará la razón. Gerardo Verá habrá tenido una labor gratificante y un aval determinante al poder planificar esta obra con tan altos intereses humanos, teatrales y verbales. Los espectadores, con sus aplausos, dieron crédito a El crédito.

Maravilla, admiración, singularidad, regocijo,…en el Teatro Maravillas. ¡Palabra de teatrero!

 

*Quizá también te interese leer…

Nunca pedir un crédito fue tan divertido, de Jaime Pacios