Verónica, ¿estás ahí?

Alberto Morate

Verónica provoca tensión y desconcierto. Verónica juega con los elementos característicos del género de terror: ruidos, golpes, chirridos, cosas que se caen, voces, luces que se apagan, linternas, silencios, apariciones fugaces, miradas, visiones… un lugar semiabandonado o destartalado, (un viejo teatro o salón de actos de colegio, que es peor), y una platea en la que los espectadores se convierten en fantasmas. En Verónica hay sustos, intrigas, un pasado desconcertante que nadie quiere revelar, un retrato amable que resulta todo lo contrario, y te obligan a volver la cabeza hacia atrás para saber que ocurre a tus espaldas. Y a agudizar tus sentidos y a contener la respiración. Hasta a mi vecino de butaca se le oía respirar con dificultad (¿le habrían puesto ahí a propósito?). Algunas jovencitas en ciertos momentos de la obra se reían. Era una risa histérica, provocada por los nervios y el miedo. Mirabas los rostros del público y algunos no se atrevían a mover un solo músculo. Daba la impresión de estar en la casa del horror.

vero

Nunca había asistido a una presentación “de miedo”. Había visto Terrífic en clave de humor, he presenciado tragedias, dramas, donde los fantasmas o espíritus son los protagonistas, muertes, duendes, vampiros, demonios, exorcismos,… aunque al servicio de un argumento más complicado o de personajes atormentados, pero esta representación es, en esencia, puro género de terror.

Carlos Molinero, el autor y codirector con Gabriel Olivares, sabe lo que está haciendo y ni el nombre de Verónica es gratuito. Verónica es una leyenda sobre un espíritu que aparece al ser invocado. Se muestra en un espejo, hace sonar un piano, el arma con la que pierde la vida son unas tijeras, y nunca ha desaparecido del todo porque está en la mente de sus mejores amigas. Verónica también es un pase del toreo, y parece que este espíritu quiere jugar con sus compañeras desconcertándolas. Simbólicamente, en el paño de Verónica queda marcado el rostro de su preceptor insidioso. Pero también es una flor que crece de manera silvestre y perenne. Verónica no se puede ir, está atrapada en su pasado, un pasado opresivo y que dejó marcas en ella y en sus correligionarias.

Quizás el final queda un poco confuso. ¿Han conseguido por fin librarse del espíritu protervo del sacerdote? ¿O se mantendrá acechando para cobrarse nuevas e inocentes vidas? No pretendo desvelar nada. El misterio es el misterio, y si quieren salir de dudas y pasar una hora y media de angustia en el Teatro Maravillas, si quieren sentir presencias sobrenaturales sin dejar de ser teatrales, vayan y pregunten a Verónica: ¿Estás ahí? Ella les contestará en el escenario.