El Estanque Dorado por Nacho Cabana

Borja Carril

Nacho Cabana, colaborador de la Revista Tarántula,  además de tener tiempo para escribir y promocionar su último libro “La Chica que llevaba una pistola en el tanga”, tiene tiempo para contarnos sus impresiones sobre En el estanque dorado , os dejo con ellas 😉

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Ernest Thompson es un dramaturgo (y actor) estadounidense que en 1978, a los 28 años de edad, obtuvo lo que sería el mayor éxito de su carrera al pasar su obra En el estanque dorado del off-off Broadway en el que fue estrenada al New Apollo Theater primero y al Century Theater después alcanzando entre ambos recintos la suma de 400 representaciones. Aunque la popularidad mundial de su texto llegaría en 1981 gracias a la adaptación cinematográfica de Mark Rydell interpretada por Henry Fonda, Jane Fonda y Katherine Hepburn. Thompson ganó el Óscar al mejor guión adaptado de ese año.

El principal reto que ha de asumir Magüi Mira como directora y Pentación Espectáculos como productores en el montaje de la obra original que se puede ver hasta el 1 de Junio en el teatro Bellas Artes de Madrid es luchar contra el recuerdo que el espectador tiene de las interpretaciones de dos clásicos de la historia del cine y de la hija de uno de ellos. No sólo se trata de encontrar a dos histriones que pueda llevarse los personajes de Norman y Ethel a su terreno sino que, y esta es la clave de la función, tengan química entre sí, den la impresión de ser un matrimonio que lleva toda la vida juntos y en el que cada miembro conoce del otro todas las manías, gestos, pensamientos y sonrisas.

En este sentido, el casting protagonista no puede ser más acertado. Héctor Alterio compone un cascarrabias al que da la réplica una siempre bienhumorada Lola Herrera como su esposa sin que la relación entre ambos parezca en ningún momento contagiada de artificioso buen rollo. No recurre, y es un acierto, Mira en su dirección de actores, a televisivas muestras de afecto. No hay grandes abrazos, prolongados besos ni chistes metidos a capón para decirle a la audiencia lo bien que se llevan los dos viejitos. Hay un trabajo de puesta en escena encaminado a subrayar cómo el paso del tiempo ha convertido a ambos cónyuges en una sola persona con dos cuerpos. Excelente el trabajo de los veteranos tanto conjuntamente como por separado. Y admirable la forma en que Alterio y Herrera bordean la tragedia sin caer en ella.

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Una buena estrategia para completar el elenco podría haber sido copiar la de la película (Jane Fonda interpretaba a la hija de Henry) convirtiendo el personaje de Chelsea en varón y contratando a Ernesto Alterio para interpretarlo. O mantenerlo femenino pero interpretado por Natalia Dicenta.  Pero no ha sido así (a pesar de que con ello se habría amplificado el ya de por sí gran potencial comercial del show al menos entre el público más anciano) y Mira opta por Luz Valdenebro y Mariano Estudillo respectivamente en los papeles de hija y nieto. Mientras que la labor de el segundo es mecánica e irrelevante (su papel es el menos importante de la función), Valdenebro no sólo no da carne y alma a su rol de portadora de conflicto que mantiene en movimiento el segundo acto sino que su forzada interpretación pone de relieve el principal defecto del texto: el enfrentamiento generacional es vehiculado a través de una subtrama fotocopiada de cualquier obra de Williams o Miller. A su lado, Camilo Rodríguez cumple en parte porque tiene mucho oficio, en parte porque encaja bien en el perfil de yerno pusilánime.

La eficaz escenografía de Gabriel Carrascal borra las fronteras entre la casa en la que se desarrolla la acción y el entorno natural en el que supuestamente se ubica aunque deja siempre en off la presencia del estanque que da nombre a la función y eso a veces resulta demasiado forzado.

Un buen espectáculo, en suma, que brilla más cuando menos cosas pasan y que deja entrever sus costuras cuando más gente hay sobre el escenario.