Marta Tiene Un Marcapasos

Borja Carril

Nacho Cabana, guionista de series como Médico de Familia y Policías, además de uno de nuestros amigos de la Revista Tarántula, que desde aquí os animo a seguir, se ha pasado a ver el musical Marta Tiene un Marcapasos  y estas son sus impresiones 😉

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La percepción de los Hombres G en España y Latinoamérica fue muy distinta aunque a ambos lados del Atlántico tuvieron idéntico éxito, más descomunal si cabe en México que en nungún otro sitio. Mientras que en nuestro país eran tomados por la respuesta pija a la movida madrileña, al otro lado del Atlántico eran considerados unos músicos atrevidos y rompedores.

Precisamente en México se inicia la acción del musical “Juke Box” que actualmente triunfa en el Teatro Gran Vía. Más concretamente en Acapulco o en la idea que aún se tiene en España de la que actualmente es la segunda ciudad más peligrosa del mundo. Y con una actriz protagonista curtida en mil musicales en el país azteca, Gloria Aura. Para el futuro estreno mexicano del show bastará con que Aura y Marta Longarte intercambien sus personajes, iniciar la acción en España y luego trasladarla a México. Una excelente forma de amortizar la inversión como ya se ha hecho con Hoy no me puedo levantar y que empieza a extenderse a textos no musicales como Sofocos de Isabel Arranz de la que también se prepara una versión chilanga.

Marta tiene un marcapasos es una canción con una letra dificilmente encajable dentro de un texto dramático. Borja Manso, autor del libreto (a partir de una idea de Andreu Castro) y director de la función, da con un concepto potente que, de haber sido desarrollado más allá de la excusa, podría haber generado un conflicto cómico-dramático bastante interesante. Marta, a pesar de su juventud, tiene un marcapasos que amenaza con dejar de funcionar (o hacerlo alocadamente) cuando le gusta un chico y por eso, para ella, enamorarse puede resultar mortal. Pero es verano, la playa sube la temperatura y altera las hormonas y Marta piensa que su corazón podrá resistir al amor…

El director de Amigos (2010) prefiere llevar su historia por caminos ya vistos en otros musicales hispanos exhibiendo además un insólito pudor a la hora de que pasen cosas en el libreto, al menos en lo sentimental. Así, aunque haya varias peleas y una muerte con la que cambiar de registro en el segundo acto, los chicos y las chicas de su texto no acaban de besarse, no acaban de enrollarse, no acaban de ser infieles. Toda su peripecia sentimental se mueve más en el terreno de las intenciones que de los hechos. Eso sí, las canciones están bastante bien introducidas y además no todas son obligatoriamente acompañadas de una coreografía. Excelente resulta la inerpretación de Lo noto a cargo de Patrizia Ruiz y de Temblando en la voz de Marc Parejo (dos de las mejores baladas de la banda); contagioso el baile con el que se adorna Visite nuesto bar cerrando el primer acto; y original y divertido el número que acompaña a Dejad que las chicas se acerquen a mí.

Además de los actores y actrices ya citados, cabe destacar a Leo Rivera que borda el personaje de Ringo y a Rocío Madrid, contrapunto treintañero (junto a Nacho González, éste algo más soso) a la juventud del resto del elenco. Mención aparte merece la veterana Enriqueta Carballeira que pone toda su sabiduría escénica (que es mucha) para evitar caer en el ridículo al que su facilón personaje (perfectamente eliminale) parece abocarle.

Ana Garay recurre para su escenografía a proyecciones gigantes que ambientan y complementan la acción. Cuando, en el Medley final, el realismo que ha presidido toda la función deja paso a imágenes alusivas a las canciones, lamentamos que este recurso no se haya utilizado más. Muy acertadas son también las animaciones en flash manejadas como transición entre escenas.

Y aunque sin duda la clave del llenazo son las canciones de los Hombres G, el ambientar la función en una playa obligando a actores, actrices y cuerpo de baile a pasarse la casi totalidad de la obra en bañador ayuda. Especialmente con el invierno castizo y sus rigores esperando en la acera.