Campanadas de Boda: La Cubana se nos casa

Borja Carril

La Cubana está triunfando en Madrid con su última comedia vodevil sobre bodorrios. Y como en toda buena boda , nosotros también contamos con invitados de lujo.

Hoy se pasa por nuestro blog para dejar sus impresiones sobre esta comedia,  Jaime Pacios, crítico en la Revista Cultural Tarántula . Bienvenido 😉

 

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Para entender mi admiración por La Cubana tengo que retrotraerme a la nochebuena de 1994, aquella “noche de paz”, los españoles, tuvimos unos invitados excepcionales en nuestras mesas. Estos “convidados de piedra” obraron el trampantojo televisivo consistente en hacernos creer que la suya era una familia cualquiera, elegida al azar, del voluminoso listín telefónico de Barcelona; para compartir la noche en la que las familias se reúnen en torno a una copiosa cena y alguna que otra desavenencia familiar.

El experimento catódico salió bien porque, durante los primeros minutos de emisión, tuve la sensación de que aquella endomingada familia, con aquella casa engalanada hasta lo hortera para la visita de las cámaras de TVE, eran de verdad, ya que, tanto el trabajo actoral como la frescura de la puesta en escena, retrataban a la perfección los rasgos (aunque llevados hasta lo paródico) de cualquiera de las familias del Hospitalet de Llobregat, por poner un ejemplo.

La Cubana no es una compañía al uso, nacida en Sitges en 1980, hizo suya una filosofía muy genuina del mundo del teatro desde sus orígenes, donde lo dramático es concebido como un todo y en el que sus miembros participan activamente en las tareas cotidianas como la carga y descarga, el planchado de la ropa o la supervisión de los pequeños detalles del atrezzo.

El nuevo espectáculo teatral de La Cubana, Campanadas de Boda, hace el número 13 de los estrenados, pero no les ha acarreado la mala suerte atribuida a este siniestro guarismo porque, desde su estreno en Barcelona en marzo de 2012, ha conseguido atraer a las salas, a más de 350.000 espectadores fieles al modo de hacer espectáculo de esta singular compañía catalana.

La trama, como el título indica, va de bodas, o de bodorrios, según se mire. Violeta, la hija de Hortensia Ríus y Paco Zamora, se casa (por poderes) con un actor hindú (de Bolliwood) que vive en la India. Los jóvenes no tenían pensada celebración alguna; pero las hermanas Ríus (Hortensia y Margarita) orquestarán todo un plan para que ese día sea inolvidable y no tenga nada que envidiarle a la boda de una Infanta.

La función está claramente dividida en dos partes. La primera es un mero sainete costumbrista al modo de hacer de La Cubana; un poco de humor, una acción trepidante con actores que entran, salen y vuelven a entrar transformados en otros personajes que llenan un escenario abigarrado de situaciones rocambolescas con pequeñas dosis de sátira social. Protagonistas y secundarios van urdiendo una trama en la que desfilan tanto los arquetipos hispánicos de todos los tiempos, como situaciones surrealistas, con no pocos guiños a la realidad actual. Una acción que, en ciertos momentos despista o aturde a los que nos sentamos en las butacas del patio, pero poco importa porque lo mejor está por venir en la segunda parte.

De súbito y por sorpresa llegamos al segundo acto en el que cambia el panorama de la función, el ritmo de la obra y hasta la pasividad del público; espectadores rehenes que, una vez más, formamos parte de lo que La Cubana quiera hacer con nosotros (nada malo, por supuesto) y a los que deberían incluirnos de alguna manera en el elenco de la compañía, aunque fuera como meros figurantes.

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Desde este momento la acción se vuelve tan palpitante como si de verdad estuviéramos asistiendo al evento familiar por antonomasia: nuestra propia boda. Para ello no se escatimarán medios como la inclusión de una gran pantalla en el escenario en la que se “retrasmitirán” unos esponsales a tanta distancia como la habida entre Madrid y la India. En esa misma pantalla, y en el patio de butacas, podremos hacer nuestros pinitos bailando a ritmo de musica de Bolliwood, o ver la transformación, verdaderamente asombrosa, del palabras de amor de Joan Manuel Serrat en una apresurada y delirante versión hindú que todos disfrutaremos.

Campanadas de Boda es una fiesta con todo el colorido de lo hindú y lo cañí, muy en la línea de La Cubana, con la que te hartarás de reír. Una función de situaciones delirantes que nos reconcilian con la idea de que el humor, muchas veces, apela a lo primario y de esto todos tenemos un poquito… Para no perdérsela.